El Código Da Vinci español

2 may

El ángel perdido

Javier Sierra

Editorial Planeta. Barcelona. 2011. 534 páginas | 21,90€

Casandra López Marcos.-

Del Camino de Santiago al mito del Arca de Noé, de signos extraterrestres a signos celestiales, de un final apocalíptico para nuestra humanidad a modo de castigo divino a un final literalmente angelical. Y todo ello envuelto en un aroma feita en Galicia, en donde hasta las meigas encuentran un papel, eso sí secundario.

Esto sería un buen resumen de lo último de Javier Sierra (Teruel, 1971), autor reconocido por títulos tan vendidos como La cena secreta o La dama azul, publicados en multitud de países extranjeros. En su última obra, Sierra relata la historia de un posible Apocalipsis en la Tierra y de cómo a través de unas piedras divinas (adamantas)  y una persona con un “don especial” (Julia Álvarez) se podría salvar a la humanidad de una nueva catástrofe similar a la del Diluvio Universal. El Arca de Noé, el monte Ararat, un complot de los servicios secretos estadounidenses, Santiago de Compostela, Gran Bretaña… son sólo algunos de los multitudinarios escenarios y temas que el de Teruel utiliza en su libro.

Aunque, si hay algo que caracteriza a esta obra, es su similitud con El Código Da Vinci de Dan Brown. Santo Grial por adamantas, orden religiosa por ángeles medievales, protagonista aventurero – investigador por protagonista especialista en historia del arte con visiones y un largo etcétera de detalles que, pese a las superficiales diferencias, hacen que los dos relatos sean, en esencia, lo mismo. Un Código Da Vinci a la española podríamos decir.

Captura de pantalla del sitio web del libro www.elangelperdido.com

De la pluma de Sierra, como se diría antaño, ha salido una novela con diferente sentido de la rítmica (empieza rápido, avanza excesivamente despacio y pretende acabar de golpe) y con unos personajes poco profundos y bastante tópicos. La lentitud rítmica con la que el autor enmarca el ecuador de la novela, encuentra su evidencia en el ‘ansia’ que envuelve todo el libro de explicar y mostrar al lector todos sus conocimientos sobre Enoc y su mitología.

El final es rápido, esperado y poco cultivado, como demuestran sus cabos rápidamente atados tras un nudo largo y lento. Su explicación reside en el hecho de que al autor, tal y como él mismo indica al final del libro, le cuesta terminarlo por su obstinación en escalar el mismísimo monte Ararat con el fin de ambientar mejor el final de su historia.

No obstante, hay algo meritorio en la última obra de Sierra. La dualidad Docere/ Delectare,  que en su día planteó Horacio, es resuelta por el escritor con un porcentaje del 50%: mitad de entretenimiento y mitad de enseñanza. Asimismo, el autor turolense genera en el lector la inquietud de buscar información adicional sobre John Dee y Enoc, lo que culmina la función docere. Como dice el propio autor: “Mi intención […] no ha sido otra que la de empujar al lector a explorar […]”

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