Casandra López Marcos.-
El por qué de este post:
Con la proximidad de las elecciones locales y autonómicas en España he decidido escribir sobre la propaganda en democracia. Además, es un tema que enlaza con la actualidad dado que queda poco tiempo para la cita electoral y la propaganda política impregna prácticamente todo.
La Gran Guerra supuso un antes y un después en el panorama de la comunicación. Fueron necesarias grandes y premeditadas campañas de propaganda emanadas de los Estados, para buscar una respuesta unánime y uniforme por parte del público ante sus decisiones.
Las estrategias propagandísticas no sólo emanaron de la vertiente comunista y de la vertiente fascista si no que también tuvo acogida en el seno de los países democráticos.
Tal y como recoge Borderías, [1] de “El siglo de la guerra total” de R. Aron : “La propaganda moderna se hizo necesaria porque el soldado y el ciudadano se habían convertido en las misma persona, y la población, en general, que se creía a sí misma apacible, pedía a sus dirigentes razones para convertirse en soldado”.
Uno de los aspectos que contribuyeron de manera decisiva, según varios autores, a la victoria del bando aliado fue la eficacia de las campañas propagandísticas.
Gran Bretaña, fue el primer país en poner en práctica esta doctrina. En 1914 desde el gobierno británico se crearon varios organismos de prensa y propaganda con el fin de evitar filtraciones de información a nivel nacional e internacional. En marzo de 1918 nació el Ministerio de Información al frente de Harmsworth, Beaverbrook y Northcliffe. El análogo francés de este ministerio sería la Maison de la Presse el antecedente galo del Ministerio de Propaganda.
Los políticos británicos veían la propaganda como algo necesario y más en tiempos de guerra. El gobierno trataba de aparentar que en Gran Bretaña se gozaba de un régimen de prensa liberal donde existía una libertad de prensa caracterizada por la veracidad y por la objetividad, para ello necesitaban contar con la colaboración de los periodistas.
En palabras de Borderías[2]: “La respuesta del mundo de la prensa británica fue evitar la confrontación directa y participar en el proceso, presionando para poder instalar representantes de los medios en las oficinas que controlaban el caudal informativo. Esta estrategia dio sus frutos a partir de mediados de 1915, cuando se inició la estrecha colaboración entre el gobierno, la prensa y los militares. […] Los principales editores entraron a formar parte de los organismos nacionales de información, cuando no pasaron a dirigirlos. La censura se relajó, limitándose a las noticias más estrictamente militares que pudieran revelar datos valiosos al enemigo. Los diarios se cuidaban, aplicados dócilmente a su postura colaboracionista, de no contravenir las consignas oficiales y el Gobierno empezó a confiar en la propia autorregulación de la prensa, que tenía mucho que ganar –favores oficiales- con su nueva estrategia. Habían pasado a convertirse, en secreto, en verdaderos órganos oficiales del gobierno y del ejército, difundiendo propaganda camuflada de información. La recompensa de los magnates de la prensa tuvo como manifestación más espectacular sus ascensos sociales a través del ennoblecimiento de muchos de ellos.
Gran Bretaña, además, estableció la más potente y eficaz propaganda exterior, destinada a terceros países, amigos, enemigos o neutrales. Los objetivos eran claros en cada caso, decantar ayudas indecisas o tibias y desmoralizar a los ejércitos y poblaciones rivales[…]”
Como consecuencia, la opinión poco a poco acabo sustituyendo a la información: rara vez se incluían en los periódicos noticias políticas y las noticias militares estaban censuradas; en su lugar habían editoriales y artículos interpretativos de la realidad por parte de militares o especialistas en asuntos militares.
En definitiva, la estrategia del Bando Aliado (Gran Bretaña, Francia y, posteriormente EEUU como principales motores) consistió en desprestigiar al enemigo mediante la prensa, a la que utilizó para canalizar a la población las crueldades y atrocidades de los alemanes con detalles morbosos bastante dramatizados, buscando siempre realzar positivamente la figura del Bando Aliado.
La propaganda norteamericana, tampoco de quedó lejos de la británica o francesa. Fue bastante crítica y agresiva.
En 1917 EEUU, decide intervenir en la I Guerra Mundial a favor de las potencias Aliadas. El entonces presidente Wilson buscaba el apoyo público (tanto por motivos políticos como económicos) para intervenir en el conflicto bélico.
Con ese objetivo se creó el Comité de Información Pública, y a su frente estaba George Creel, un periodista.
De las campañas que llevó a cabo ese Comité, cabe destacar la campaña “Liberty Loans”, cuyo objetivo era recaudar fondos para la guerra. Para ello, no tuvo más remedio que:
- Buscar la implicación de los medios de comunicación (al igual que Francia y Gran Bretaña): persuadieron a periódicos y revistas para que destinaran considerables espacios a las noticias referentes al ahorro de comida y a la inversión en bonos del estado.
- Apelar al sentimiento patriótico y solidario con las democracias, transmitiendo el mensaje de que esa guerra es una lucha a favor de la democracia, que debían intervenir o la democracia correría un grave peligro.
Con esta campaña, quedó demostrado sobradamente, que las Relaciones Públicas pueden utilizarse tanto de manera defensiva como de manera ofensiva y que además, pueden utilizarse haciendo bandera de ideales.
Siguiendo con la propaganda norteamericana, durante la II Guerra Mundial se puso en funcionamiento la Oficina de Información de Guerra de la mano de Elmer Davis, un periodista nacido en la India que había trabajado para el New York Times durante muchos años. Los objetivos de esta Oficina no eran otros más que:
- Movilizar y apelar una vez más al sentimiento patriótico de los ciudadanos.
- Favorecer el impuso económico a favor de la economía de guerra. Se buscaba la reconversión industrial, de manera que las empresas dedicadas a la producción de bienes de usos civil pasasen a producir material para uso bélico.
- Reducir el consumo de bienes y alimentos para transferir los excedentes al ejército (víveres, gasolina, medicinas, ropa…)
- Lograr la aceptación de una mayor presión fiscal para financiar el esfuerzo bélico.
- Promover el uso del cine como instrumento de difusión de la participación norteamericana en la guerra, logrando el compromiso de grandes directores (como Frank Capra) y de actores de moda.
Con las Guerras Mundiales, las RRPP cambian su rumbo completamente: de lo objetivo a lo persuasivo.
Los dos carteles que vemos en la ilustración, se difundieron en Estados Unidos, y hacen referencia al tema de la economía de guerra.
Concretamente, el segundo cartel hace referencia a los bonos de guerra que la población podía comprar para financiar el esfuerzo bélico.
Otros países europeos, aunque no alcanzaron el nivel americano, también puso en marcha su propios organismos públicos, departamentos, comisariados, incluso ministerios de información. Éstas instituciones tuvieron sus inicios dedicados a la promoción cultural exterior, como el “British Council” en Gran Bretaña, pero con el avance de la década de los años treinta, y el aumento de la conflictivadad internacional y las tensiones diplomáticas empezaron a permutar sus actividades y conducirlas hacia el terreno político. La inminencia de una grna guerra en Europa empezó a movilizar a los Estados que reconstruyeron manifiestamente antiguos servicios. Francia creaba en julio de 1939 el “Commisariat Géneral d´Ínformation” que acabó convertido en ministerio al estallar la guerra mundial con competencias para regular la censura de prensa y radio y dirigir la propaganda hacia el exterior. En Gran Bretaña, y a partir de los departamentos de información de los diversos ministerios y de los servicios del Foreing Office, se creó a finales de 1939 el Ministerio de Información, que no empezó a mostrarse operativo hasta finales de 1941[3].
[1] En el capítulo 8 de su libro Historia de la Comunicación Social, página 356..
[2] En el capítulo 8 de su libro Historia de la Comunicación Social, página 357 y 358.
[3] Extracto de Borderías Historia de la Comunicación Social, capítulo 8, página 368.
Etiquetas: historia, propaganda política
