Pilar Urbano: “El periodismo se aprende en la calle, no en las aulas”

4 may

Laura Castellanos Fernández, Casandra López Marcos, Alexandra López Navarro y Ana Mateo Solana (por orden alfabético)

Ronda los 70 años, pero conserva una mirada llena de juventud. Su gran pasión por el periodismo se insinúa en cada una de las palabras que utiliza, en los gestos con los que acompaña su discurso o en la energía que desprenden sus ojos…todo ello acompañado de un aire optimista que sopla hacia el futuro.

Su gran pasión por el periodismo se percibe en cada palabra, en cada adjetivo con el que describe lo que ha vivido, lo que ha experimentado.  Es coqueta, y cuando le pedimos que se haga unas fotos exclama: “¡menos mal que me he puesto está chaqueta!” Nos sugiere como fondo uno de sus “currículos fotográficos” (un collage lleno de imágenes), pero al final nos decantamos por su “currículo escrito”,  donde hay documentos de todo tipo: un dibujo hecho por la Reina, pequeños trozos de papel dónde figuran las informaciones que se recibió de los “procuradores” [los actuales diputados de las Cortes], viñetas dedicadas por dibujantes de la talla de Quino… y todos con la misma tónica: “para Pilar, gracias Pilar…”.

Y es que, son pocos los periodistas que cuentan con el increíble bagaje periodístico que posee esta mujer. Por eso, no dudamos en cuál tenía que ser nuestra primera pregunta: “Si tuviera usted que clasificar su vida por etapas ¿cómo lo haría?” Sin dudar en sus palabras y en tono vivo y natural, Urbano comenzó su relato.

La escritora inicia la historia de su vida contándonos su primer recuerdo relacionado con el periodismo: cuando empezó a sentir curiosidad por el mundo que le rodeaba. Fue a una edad muy temprana, cuando era tan pequeña que ni siquiera podía hablar. Urbano recuerda unos brazos que la mecían de un lado a otro, mientras sonaba una copla de fondo. Ella sentía curiosidad por lo que la música que escuchaba, deseaba saber qué era ese sonido, hacer muchas preguntas…pero no podía. Más tarde, descubrió que era una de sus tías la que la estaba meciendo y así averiguó el nombre de la canción que tanto ansiaba conocer. Con esta anécdota, la escritora quiere demostrar que el periodista nace, aunque luego debe ‘hacerse’.

De esta etapa, que ella denomina ‘intrauterina’, pasa directamente a abordar su etapa universitaria. Aunque en un primer momento quiso estudiar Medicina, le bastó con ver una autopsia  para darse cuenta de que no era lo suyo. Mientras decidía que hacer con su vida, se metió en Filosofía y comenzó a escribir en varios medios, según ella “para pagarse sus vicios”: algún guateque, tabaco y libros prohibidos [había que pagar a alguien que pudiera evadir la censura y traer los libros desde el extranjero].

Tras esta primera experiencia en el mundo de la prensa, entró en la Escuela Oficial de Periodismo en 1962, por aquel entonces la ‘carrera’ duraba tres cursos. Se denominaba con algún apelativo y el año. La suya fue Europa’65. La EOP estaba ubicada en ‘las tripas’ del entonces Ministerio de Información y Turismo, (donde ahora está el Ministerio de Defensa), del que dependía la prensa-radio-TVE… y la censura.

“Comencé a escribir en varios medios para pagarme mis vicios: algún guateque, tabaco y libros prohibidos”   

Periodista de calle

La periodista valenciana afirma que sólo fue a clase en 15 ocasiones: los días de los exámenes. Y, sorprendentemente, fue número uno de su promoción. Ella recuerda, divertida, que siempre que se decidía a acercarse a la escuela coincidía con la celebración de alguna fiesta o con la visita de algún personaje relevante.    “Mis compañeros me decían que sólo iba a clase cuando sucedía algo interesante. ¡No entendían como podía enterarme si no iba nunca!”. Y es que, Pilar Urbano, no se ha convertido en la periodista que es hoy gracias a una intensa actividad académica. Su formación la ha adquirido en la calle. “La calle fue la redacción y la escuela el equivocarse”, sostiene totalmente convencida. De hecho, mientras estaba matriculada en periodismo estuvo escribiendo para 31 publicaciones.

Urbano también opina que “el error es la buena academia”. Ella cree que los obstáculos que ha tenido que atravesar en su trayectoria profesional le han servido para no volver a cometerlos jamás. Uno de estos fallos le ocurrió durante una entrevista a los Beatles, en la que la ‘Urbano principiante’ olvidó apretar el botón rec de su grabadora. Un error fatal que hizo que perdiera toda la entrevista.

“El periodista tiene que ser un cancerbero del poder”

Antes de proseguir con su “itinerario curricular1”, como a ella le gusta llamarlo, nos mira y concluye esta fase con una frase breve, pero llena de valor: “el periodismo se aprende en la calle, no en las aulas”.

Más tarde, su memoria viaja hasta la censura periodística de la etapa franquista. Urbano no olvida la falta de libertad que sufrían los periodistas. La autora nos cuenta como se tuvo que “comer con patatas fritas” un reportaje que hizo sobre la “Guardia Civil derribando chabolas”. En esa época, el gobierno no permitía que se informase de que la Guardia Civil hacia este tipo de cosas, es más, ni siquiera se podía saber que existían chabolas en España (“en España no había de eso”, ironiza Pilar).

Los periodistas de esa época tenían que sortear como podían la censura. Mientras revive el franquismo, Pilar Urbano comenta que ella y sus compañeros “tenían que cantar libertad”, y repite varias veces esta palabra, más de la necesarias. Sin duda, es un concepto importante para ella.

La entrevistada sostiene que las cosas empezaron a cambiar a raíz de la muerte de Carrero Blanco. A partir de ahí y a lo largo de la Transición, comienza un tipo de periodismo que Urbano denomina “catequético” y que consiste en mostrar al lector qué es que y quién es quién. Así, los periodistas explicaban la información a la vez que aprendían.

Entrevistas a personajes históricos

Sobre este periodo, Pilar Urbano recuerda una entrevista realizada a José María Pemán para La actualidad española, donde descubre el mundo político y la oposición monárquica al franquismo. El poeta, además, le dijo a la periodista que eran ellos los que debían cambiar las cosas, puesto que él y la mayoría de los políticos ya no podían hacer más. Urbano explica que estas palabras fueron muy importantes para ella, puesto que el escritor le estaba ‘dando el testigo’ para que continuara con la labor de caminar hacia la democracia. Este fue el momento en el que Pilar Urbano “perdió la inocencia” en la profesión.

Esta intrépida periodista entrevistó a otros personajes relevantes, entre ellos, la hermana del Caudillo (Pilar Franco Bahamonde), a la que realizó una serie de entrevistas. Pilar Franco retrató a un Franco desconocido para todos, en el que primaban su lealtad, su simpatía y su sensibilidad, unos rasgos que nunca fueron sinónimos del Generalísimo. Publicó un libro sobre el tema que denominó Cuando Franco no era caudillo. El título generó una gran polémica, ya que “Franco siempre había sido Caudillo”.

Otro de los personajes históricos a los que Pilar Urbano pudo entrevistar es Josep Tarradellas i Joan, presidente de la Generalidad de Cataluña, en el exilio desde 1954 hasta 1980. Urbano retrocede en el tiempo y recuerda el momento en el que el político iba a regresar del exilio. Esta periodista forjada en la calle, decidió que quería ir al pueblo francés donde residía Tarradellas y vivir junto a él sus últimas 24 horas de exiliado. Pilar Urbano planteó su idea al medio en el que trabajaba, ABC. José Luis Cebrián, director del periódico rechazó la proposición, ya que Tarradellas era republicano y ABC era, y es, un diario monárquico. Pese a ello, Urbano fue a Francia y estuvo con el político catalán en sus últimas 24 horas. Cuando los directivos de ABC se enteraron de que el presidente exiliado iba a ser recibido por el Rey, decidieron publicar en portada el artículo de Urbano.

La Transición fue el periodo en el que comenzó el periodismo político español, tal y como lo conocemos ahora.  En ese momento los periodistas se convirtieron en una especie de detectives, que tenían que estar rondando por las zonas en las que se encontraban las personas influyentes, para ver si escuchaban lo que comentaban, ir a los lugares donde comían, he incluso intentar captar conversaciones con aparatos especiales de escucha que se colocaban en el oído.

En esta etapa, Pilar Urbano comienza a ir más allá de la mera noticia que cuenta lo que ha pasado. En sus artículos, escribe sobre lo que va a pasar y pronostica los movimientos que van a realizar los políticos. Para ello, la escritora presta atención a las conversaciones de los diputados fuera de las sesiones del Parlamento. Además, Urbano se sirve de tres géneros periodísticos para plasmar sus informaciones: la columna, la entrevista y la crónica parlamentaria. Esta profesional de la comunicación comenzó a escribir su crónica parlamentaria en ABC, sección que apareció por primera vez el 10 de septiembre de 1975, bajo el rótulo “Cortes”. Era una crónica con estructura clásica, pero que además recogía detalles como reencuentros, abrazos, comentarios anónimos… y acababa con entrevistas breves a los procuradores que habían intervenido en el debate o que podían informar sobre algún tema de  actualidad.

En enero del 76 esta crónica aparece encabezada con el rótulo “Las Cortes: Hilo Directo”. Urbano intenta ofrecer algo distinto y se fija en los detalles que despreciaban la mayoría de los cronistas. Asimismo, recurre a estratagemas e iniciativas que le aproximaran a los procuradores. No había contacto prensa-procuradores, prensa-políticos, hasta que ella empezó a crearlo. Y es que Urbano deseaba contar lo que pasaba al margen del debate, los porqués, la política en sí misma, más que el juego parlamentario, por lo que buscaba a los políticos y no se limitaba a preguntarles por su tarea, sino que iba más allá, ofreciendo un plus informativo.

Prueba de ello es que, cuando trabajaba en Las Cortes, empezó a mandar preguntas a los políticos a través de papelitos que colocaba en las bandejas que llevaban los camareros que se paseaban entre los procuradores. Aunque al principio creía que no iba a obtener respuesta, la periodista se sorprendió cuando le devolvieron los pequeños trozos de papel contestados. Pero no era su único método. También iba al bar donde estaban los procuradores, vigilaba los pasillos, estaba atenta a las conversaciones… Ella confiesa: “Para una columna te tirabas todo el día en la calle. Procuraba que mis columnas fuesen meramente informativas y que no hubiese mucha opinión”. Y añade lo siguiente: “Nunca me ha gustado el concepto de columna de opinión, prefiero definir a los periodistas que hacemos columnas como diputados de la curiosidad”.

La escritora afirma que el periodista, además, tiene que ser un “cancerbero del poder”. Urbano nos comenta que “no puedes ser amiga ni del torero ni del político”, ya que, si lo eres, no te conviertes en el verdadero transmisor del pueblo. Explica la difícil combinación entre ganarte su confianza lo suficiente como para que te cuente confidencias y no convertirte en su amiga (con la correspondiente pérdida de independencia periodística). Hay que saber encontrar el equilibrio entre ambos elementos.

Pionera en el arte de informar

Otra característica de sus artículos es que tienen un ethos retórico. Urbano define este concepto como “ética cívica, de libertades y no religiosa en la que no sólo hay que informar sino advertir y denunciar”. Theresa Enos3 , investigadora norteamericana, explica que, de la presencia del yo del autor, “surge el ethos que permite la identificación y posibilita el cambio en la propia identidad del lector. Esto es lo que llamamos persuasión en acción. Pero a través de medios que logran la identificación, no una postura que depende del logos”.

Aparte de la crónica parlamentaria, la periodista destaca en otros dos géneros: la entrevista en profundidad y el periodismo de investigación. Comenzó a desarrollar el género de la entrevista en 1975, con “Entrevistas de actualidad política”. Y después, Cebrián le propuso algo novedoso, “La máquina de preguntar”, una sección en ABC que consistía en realizar preguntas breves a personajes políticos o destacados. Pero ella pensó que ya que tenía acceso a personas tan importantes, no iba a limitarse a hacerles una simple pregunta. Por eso, decidió hacer entrevistas más amplias.

La escritora narra que mostró estas entrevistas a sus jefes. Les dijo: “Tengo esto”. Sus superiores extendieron toda la información en una mesa y ordenaron que se hiciera una foto a todos los documentos. “Necesitaban otro periódico para publicar mis entrevistas”, afirma Pilar Urbano. Los directivos decidieron publicar toda la información en un cuadernillo que iba metido dentro del periódico, cuadernillo que llevaría el nombre de “Los viernes políticos de Pilar Urbano”. Al poco tiempo, se puso de moda incluir este tipo de cuadernillos dentro de los diarios.

“Nunca me ha gustado el concepto de columna de opinión, prefiero definir a los periodistas que hacemos columnas como diputados de la curiosidad”

Otro ejemplo que ilustra el arte de entrevistar de Pilar Urbano, ocurrió más tarde, para la revista Época, cuando la periodista publica la sección “Mi cuaderno callado”, en la que escribe todo lo que no se podía decir, lo que había oído de los políticos y no se había dicho. En esta publicación, además, introdujo una novedad, algo que no se había incluido antes en la prensa española: las entrevistas largas. Nos explica que se iba a ir de vacaciones y, para no estar tantas semanas sin publicar, dejó preparadas tres entrevistas largas para las tres semanas que iba a estar de vacaciones. Cuando volvió, le dijeron que las entrevistas habían gustado mucho y que tenía que seguir haciéndolas. Poco a poco, otras publicaciones comenzaron a incluir este género.

En este periodo, la periodista vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de la democracia española, el 23-F. Sobre este suceso, Pilar Urbano destaca una anécdota que nos llamó la atención, ya que al mostrarnos su “currículo fotográfico”, nos resultó curiosa una fotografía en la que aparecía una Pilar Urbano joven,  subida a un tanque. Cuando nuestra curiosidad periodística nos llevó a preguntar sobre la imagen, la escritora nos contestó: “Fue pocos días después de la ‘asonada’ del 23-F. Nos llevaron a unos cuantos periodistas, que cubríamos la información política y que, a raíz de aquel nefando suceso, apuntamos nuestras plumas también hacia la información militar por cuanto podía colisionar con la andadura política. Yo cofundé, por aquellos mismos días y con un pequeño grupo de colegas2 , el Colectivo Democracia […] Nos comprometíamos a defender la Constitución. La gracia anecdótica de esa foto es que, en tal clima de ‘ruido de sables’, que se acentuaría durante el  Juicio de Guerra a los encausados por el 23-F, yo me encaramé con cierto desenfado a un carro de combate, como los que el teniente general Miláns del Bosch sacó a las calles de Valencia, y posé brazos en jarras y en actitud si no desafiante sí indudablemente ‘burlona’. Algo así como un ‘no pasarán’. Sólo que dicho en pleno territorio ‘milico’”.

Experiencias que  marcan

Uno de los viajes que más ha influido en la “Urbano periodista” fue el que realizó a Los Ángeles. Esta profesional viajó allí como líder de opinión y cuando llegó le explicaron que podía visitar todo lo que quisiera excepto las instalaciones interiores del Pentágono. Pronto descubrió que en EEUU realizaban un periodismo muy agresivo, además de que los periodistas iban con la ‘lección aprendida’: sabían todo lo que había ocurrido, las relaciones existentes entre todos los elementos, etc. Hacían preguntas muy directas, para averiguar lo que querían, realizando un periodismo combativo.

Sin embargo, esta actitud cambió con los atentados del 11- S y el supuesto ataque al Pentágono. Según Urbano, los periodistas estadounidenses se aliaron con el gobierno. Dejaron de ser tan agresivos como antes. Mientras que en las torres gemelas la gente se acercaba y ayudaba, en el Pentágono no se permitió entrar a casi nadie. “El asunto se tapo”, comenta la entrevistada, “parecía que la gente no quería saber”. Y los periodistas no investigaron nada sobre el tema. No obstante, la periodista resalta que en las últimas elecciones presidenciales de EEUU, por fortuna, se ha vuelto al buen periodismo. Esto se debió a que los periodistas conservadores no querían ni ver a un negro como Barack Obama en la Casa Blanca y a que los demócratas querían luchar para conseguirlo. Así que se volvió al periodismo combativo de antes del 11- S. Urbano ilustra su argumento con el ejemplo de Sarah Palin y la polémica que se creó en torno a su hija. Se realizó un periodismo instigador y, al final, la política republicana tuvo que reconocer que su hija estaba embarazada.

Volviendo al viaje que realizó en Los Ángeles, Pilar Urbano recuerda especialmente a una periodista estadounidense. Esta mujer escribía una columna que se publicaba en 300 periódicos distribuidos por todo el país. Esto impresionó a Urbano, ya que pensó en la gran capacidad que tenía esa periodista para influir en la opinión pública del país (puesto que su columna la leía mucha gente). Por eso, volvió a España pensando que ella también quería hacer lo mismo. Consiguió que su columna se publicase en 52 periódicos repartidos por todo el territorio español. La condición que exigía a la hora de publicar la columna, era que el texto se reprodujese íntegro, sin ninguna modificación. O se publicaba íntegro o no se publicaba. Lo que sí daba a elegir eran los titulares. Ella elaboraba dos o tres titulares y cada diario podía elegir uno de ellos. De este modo, la misma columna podía salir publicada en distintas provincias pero con un titular diferente.

Su propia jefa

Respecto al periodismo de investigación, la autora nos comenta que es un género en que los directores del periódico tienen que tener mucha paciencia con el periodista. No te pueden decir: “quiero algo para mañana”, porque quizás mañana todavía no hayas encontrado nada.

Cuando habla del periodismo de investigación hace referencia a la corrupción, y a que este periodismo es útil para destapar casos como el de los GAL. “La corrupción sólo se puede combatir en la libertad. El periodista es el que puede leer la hoja de registros de clientes de un hotel al revés”. Este género es el que marca su última etapa periodística

“La corrupción sólo se puede combatir en la libertad. El periodista es el que puede leer la hoja de registros de clientes de un hotel al revés”

Dicha etapa se caracteriza porque ella es “su propia jefa”. En los últimos años ha trabajado como freelance, además de que se ha dedicado a realizar trabajos en profundidad para los que ha publicado diversos libros, entre los que destacan Garzón: el hombre que veía amanecer (2000) o La Reina muy de cerca (2008). Esta última obra suscitó muchas críticas puesto que se habló de que la periodista había cometido la infracción de desvelar confidencias que Doña Sofía le había hecho utilizando el off the record. Ante estas acusaciones Pilar Urbano se defiende afirmando que “todo lo que está escrito en el libro es verdad” y que siempre tuvo el consentimiento de la Casa Real.

En este periodo también ha escrito libros sobre el CESID, sobre Garzón, sobre la Casa Blanca y el 11-S….

En su libro, Garzón: El hombre que veía amanecer, narra cómo el juez descubrió que todos los partidos estaban implicados en el GAL y eliminaban todo tipo de documentos que les pudiesen implicar. Considera que fue tan difícil descubrir el entramado porque el gobierno estaba implicado y, entre risas, comenta que estaba claro que las órdenes pertenecían a Felipe González, pero no se hizo justicia, porque “no se quería saber”.

Férrea defensora de la libertad de enseñanza, la economía de mercado y el matrimonio indisoluble, esta numeraria del Opus Dei, que nunca se ha casado, acaba la entrevista explicándonos sus nuevos proyectos. Y es que, esta enérgica profesional, ya está inmersa en un nuevo trabajo.

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